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Hay hombres que no solo caminan el mundo, sino que ayudan a construirlo. La partida de Rubén Prada Quijano no solo deja un vacío profundo en el corazón de su amada Zapatoca, sino que cierra un capítulo dorado en la historia de la arriería y el transporte de nuestra región. Con su adiós, despedimos a uno de esos santandereanos de cepa, forjados en el rigor del trabajo honrado y el amor por su tierra.

Crecer y compartir la juventud al lado de Rubén fue aprender en la escuela de la berraquera. Como primos hermanos, criados bajo el amparo de la tradición de nuestra “Ciudad Levítica”, entendimos desde niños que el sustento se gana con el sudor de la frente.

Hoy, al despedirlo, es imposible no evocar aquellos años mozos en los que éramos apenas unos arrieros de la vida. Jóvenes llenos de sueños que movilizaban lotes de ganado desde El Socorro, desafiando trochas y canteras, cruzando el imponente Río Suárez para conectar con Galán, antes de emprender la dura marcha hacia la Peña de La Fuente; paraje histórico por donde alguna vez cruzó la mítica ‘Ruta del Zipa’ en la cordillera de los Yariguíes.

Un legado arraigado a las rutas de nuestra geografía

Rubén llevaba la vocación del camino en las venas. Hijo de don Norberto Prada Pinilla y doña Rosa Quijano de Prada, descendía por línea paterna de don Pedro Antonio de la Prada y de doña Micaela Pinilla. Su estirpe estaba directamente ligada a la de don Ciro Pinilla, uno de los más célebres expertos de la arriería en épocas donde las carreteras no eran más que una utopía y los trayectos hacia Betulia, La Unión y Girón se conquistaban a lomo de mula, siguiendo las huellas de piedra que el alemán Geo von Lengerke dejó a la posteridad.

Con el paso de los años, el paso de las mulas cedió ante la fuerza del motor. Rubén Prada Quijano se convirtió entonces en un pionero del transporte terrestre en la empresa Transcarmen, en San Vicente de Chucurí. Su primer vehículo, un tradicional bus-escalera, pasó a ser el motor de desarrollo para las comunidades campesinas de Betulia, San Vicente, El Carmen de Chucurí, Galán y El Socorro. Más adelante, junto a sus hijos —quienes heredaron su temple y visión empresarial—, Rubén fue pieza clave en la creación y consolidación de diversas rutas para la empresa Cootransmagdalena.

Las duras pruebas y el retorno a la tierra hidalga

La vida de Rubén estuvo colmada de logros, pero también de duras pruebas que afrontó con entereza. Hace tres décadas, la tragedia de un accidente vial le arrebató a su esposa, doña Eduviges Gómez de Prada, recordada con inmenso cariño por su espíritu humanitario al frente del Hogar San Antonio de Zapatoca. Años más tarde, los problemas de salud silenciaron sus cuerdas bucales, pero jamás su capacidad de transmitir afecto y sabiduría a través de su mirada y sus gestos.

Hoy, tras haber visto partir antes a sus hermanos Cecilia, Pedro Elías y Luis Aurelio, Rubén emprende su propio viaje hacia la eternidad. Mientras su cuerpo mortal es trasladado desde Bucaramanga hacia su natal Zapatoca, las flores y el llanto de sus amigos anticipan el regreso del hijo pródigo a la tierra de sus ancestros.

Zapatoca: Cuna de historia y memoria

Los Prada somos herederos de una estirpe que se remonta nueve generaciones atrás, ligada a los fundadores coloniales de este municipio. Como siempre lo hemos sabido, la historia es testigo de los tiempos y maestra de la vida; un pueblo que olvida sus raíces es un pueblo que tiende a desaparecer. Por eso, honrar la memoria de Rubén es también honrar la grandeza de Zapatoca, una ciudad hidalga que ha sido cuna de sabios, sacerdotes, obispos, gobernadores y líderes que han dejado en alto el nombre de Santander. Incluso en el sector del transporte, los hijos de esta tierra han sido artífices de grandes empresas como Copetran, Cotransmagdalena o Expreso Brasilia.

A sus hijos, especialmente al concejal Néstor Prada Gómez, a sus hermanos y a toda su descendencia, los acompañamos en este momento de profundo dolor con todo nuestro cariño y solidaridad.

¡Buen viaje, viejo arriero! Descansa en paz, Rubén Prada Quijano.

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